El guardián del océano verde
Desde arriba, a través de las nubes rabias, se puede ver la interminable selva, un océano verde de coronas entrelazadas, perforadas por los rayos dorados del sol. En medio del espeso, como un dios antiguo enterrado en el suelo, se encuentra un cráneo gigante de dinosaurios, sus huesos cubiertos con musgo gris gris, incrustados en el suelo, y sus cuencas de ojos son el tamaño de los lagos llenos de cristales que reflejan luz como espejos. Cerca, un río serpentea con agua azul, parecido a una serpiente, y a la distancia, las rocas se elevan con cascadas, arrojando arroyos de zafiro líquido. Un helicóptero vuela sobre el escenario, su sombra saltando a través de los árboles, revelando huellas petrificadas de tamaño de coche en el banco. El aire está lleno de polen bioluminiscente brillando en la puesta del sol, y lagartos alados con un ala de decenas de metros rodean la selva, sus sombras corren por el musgo, enfatizando la escala de los restos antiguos. Las vides, como venas brillantes, rodean los dientes del cráneo y las raíces de los árboles, como las arterias, crecen en sus huesos, fusionando a los muertos y los vivos en un solo organismo antiguo.